7 de octubre de 2012 (Marcos 10,1-12)
Los fariseos plantean a Jesús una pregunta para ponerlo a prueba.
Esta vez no es una cuestión sin importancia, sino un hecho que hace
sufrir mucho a las mujeres de Galilea y es motivo de vivas discusiones
entre los seguidores de diversas escuelas rabínicas:
"¿Le es lícito al varón divorciarse de su mujer?".
No se trata del divorcio moderno que conocemos hoy, sino de la
situación en que vivía la mujer judía dentro del matrimonio, controlado
por el varón. Según la ley de Moisés,
el marido podía romper el contrato matrimonial y expulsar de casa a su esposa. La mujer, por el contrario, sometida en todo al varón, no podía hacer lo mismo.