Una crisis con cinco
interrogantes y siete parábolas
Al llegar a este momento del evangelio
de Mateo (capítulo 13), el horizonte ha comenzado a oscurecerse. Lo que comenzó
tan bien, con el seguimiento de cuatro discípulos, el entusiasmo de la gente
ante el Sermón del Monte, los diez milagros posteriores, ha cambiado poco a
poco de signo. Es cierto que en torno a Jesús se ha formado un pequeño grupo de
gente sencilla, agobiada por el peso de la ley, que busca descanso en la
persona y el mensaje de Jesús y se convierten en “mis hermanos, mis hermanas y
mi madre”. Pero esto no impide que surjan dudas sobre él, incluso por parte de
Juan Bautista; que gran parte de la gente no muestre el menor interés, como los
habitantes de Corozaín y Betsaida; y, sobre todo, que el grupo religioso de más
prestigio, los fariseos, se oponga radicalmente a él y a su doctrina, hasta el
punto de pensar en matarlo.
Mateo está
reflejando en su evangelio las circunstancias de su época, hacia el año 80, cuando
los seguidores de Jesús viven en un ambiente hostil. Los rechazan, parece que
no tienen futuro, se sienten desconcertados ante sus oponentes, no comprenden
por qué muchos judíos no aceptan el mensaje de Jesús, al que ellos reconocen
como Mesías. Las cosas no son tan maravillosas como pensaban al principio.
¿Cómo actuar ante todo esto? ¿Qué pensar? Mateo, basándose en el discurso en
parábolas de Marcos, pone en boca de Jesús, a través de siete parábolas, las
respuestas a cinco preguntas que siguen siendo válidas para nosotros: